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En defensa del lorazepam

Emilia Arias

Emilia Arias

Tengo una cómoda rota desde hace meses y no soy capaz de hacer que los malditos cajones encajen. Solo tienen que abrir y cerrar correctamente pero no puedo hacerlo. Cada vez que saco una camiseta, el puto cajón del medio se me viene encima. Últimamente solo me pongo vestidos o las camisas que quedan en el armario.

Hace meses que quiero poner el póster de un disco  y de una película en un par de paredes de este templo del aburrimiento. No encuentro ni el uno ni el otro. Todos los días me enfado un poco conmigo misma por no ponerle remedio a esta terrible ausencia ornamental. Por no hablar de mi antigua obsesión por las mariposas. Joder, si hasta me tatué dos. Ahora no he encontrado el momento para darles el lugar que merecen en mi hogar.

Es como si viviera dentro de una máquina de procrastinar las pequeñas cosas que antes me apasionaban. Es como si trabajar y leer y hablar y pensar se lo estuviese comiendo todo. Hay una mariposa asustada, escondida y confundida desde hace meses en alguna parte de mi cabeza enorme. No abro los cajones por si se caen y no cuelgo cuadros por si cambio de opinión y encuentro un disco que me guste más que ese que tengo ahora en la cabeza y que seguramente sea otro dentro de diez minutos.

Cuando era adolescente podía enumerar mis diez canciones, escoger mis diez películas, mis tres actores, mis tres actrices y mis diez libros preferidos… Tenía hasta unas galletas preferidas, un lugar del mundo preferido, un país preferido y un árbol preferido. ¿alguien puede explicarme cómo coño he olvidado todo eso? (Creo que el árbol lo recuerdo: el olivo) Ahora no puedo elegir o no quiero hacerlo. Mi memoria se angustia realizando listados.

Desde que llegué a esta casa pensé en instalar una red que colgara del techo, como la de los barcos. La idea era meter dentro algunas cosas especiales para salvarlas de un supuesto naufragio (algo muy lógico en un segundo piso en Bilbao).

Mañana volveré a ponerme vestido, o puede que camisa porque el cajón se seguirá cayendo al abrirlo. Mis paredes seguirán sosas y tristes. Puede que tenga miedo a quedarme. Nunca he querido quedarme en ninguna parte. Es demasiado triste pensar que algo va a congelarse en una pared. La red sigue perfecta en mi imaginación pero no cuelga del techo.

Hay un pequeño desastre dentro de mi aparente ordenado y esquemático mundo. Hay un monstruo al que es mejor no dejar salir un martes o un miércoles por la noche. Hay un par de razones para no alimentar a esa caótica y extraña niña salvaje que se esconde en los cajones que no abro. Porque si los abro, se cae todo, todo, todo lo que hay dentro.

*Emi*

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