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La cara que se le queda a una cuando le dicen que ha ganado el IX Premio de Periodismo Joan Gomis

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De idiota. Se le queda a una cara de idiota.

No puedo decir otra cosa que “gracias” cuando recibo un correo que dice: “En la edición IX del Memorial Joan Gomis, el jurado ha deliberado largo y tendido sobre las candidaturas (…) las obras y trayectorias presentadas eran de calidad (…). Me alegra informarte de que tu artículo “Una revolución lenta pero irreversible” ha sido el ganador de la disciplina OBRAS”.

Levanto la cabeza y miro a los lados. Estoy sola en una sala de reuniones de un edificio de oficinas en Madrid (el porqué no viene al caso). Digo “toma, toma, toma”… Vuelvo a levantar la cabeza por si alguien ha escuchado mi gritito. “Mierda, la recepcionista si me ha oído y se está riendo”. Malditas salas acristaladas y modernas. De forma inconsciente me salen frases tan elocuentes como “que guay!qué fuerte! y que ilu!”.  Sigo leyendo y descubro que el otro premiado es  el periodista Tomás Alcoverro, ganador de la disciplina TRAYECTORIAS, corresponsal en Oriente Medio de La Vanguardia. Entonces ya alucino.

Cuando me lo comunican por teléfono se repite la misma escena.

Escribí este reportaje, titulado “Una revolución lenta pero irreversible”,  para Pikara Magazine con cariño y, como todo lo que escribo, tratando de que algo se moviera con cada frase, intentando dar voz con respeto y sencillez.

Esta profesión a veces te da revolcones; precariedad, paro, trabajos mal pagados o que nunca se cobran, horas en la carretera, una vida personal que se resiente y muchas hostias. Conozco demasiada gente valiosa que espera a que suene el teléfono cada día. Suyo es también un cachito de este premio.

Cuesta seguir creyendo en esta profesión cuando los grupos mediáticos son monstruos de generar dinero para que unos pocos se forren mientras lanzan nóminas de risa a grandes profesionales que sacan los proyectos adelante. Cuesta creer cuando en las redacciones se ha instalado el cinismo. Cuesta porque cada vez echo más de menos el compromiso, la vocación y las ganas de simplemente contar las cosas que pasan.

Sigo creyendo que, como decía mi adorado Ryszard Kapuscinski, “los cínicos no sirven para este oficio”. Que me llamen ingenua hasta los 97, pero me sigue pareciendo importante hablar, escribir y grabar las historias que de verdad importan. Esas pequeñas biografías anónimas que empujan el mundo con sus manos son las que importan. Historias como las de estas mujeres que un día se sentaron conmigo en Otxarkoaga para hablar sobre sus pequeñas grandes batallas, mujeres que le pusieron palabras a la lucha de muchas otras. Suyo es también este reconocimiento que, aunque creo que me viene grande (hay gente que lo merece más que yo), me hace muy feliz…

Y entonces me acuerdo de Gabriel García Márquez y repito sus palabras:”se sufre como un perro pero, carajo, este es el mejor oficio del mundo”.

Arriba esas copas. Brindo por todas las personas bonitas que me rodean. Y por mis padres, que dicen que tengo estrella porque me quieren mucho.

Gracias

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Un pensamiento en “La cara que se le queda a una cuando le dicen que ha ganado el IX Premio de Periodismo Joan Gomis

  1. Eugenia en dijo:

    ¡¡¡Enhorabuena!!! Ese es el periodismo que merece la pena.

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