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Trapos de colores

El escritor irlandés George Bernard Shaw dijo que “nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana”. Él mismo añadió que “patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él”. 

Esa emotividad que encierran los patriotismos es tan peligrosa como miope. “Somos los mejores” aunque tengamos un paro de escándalo, un estado de bienestar que se nos deshace entre los dedos y una clase política putrefacta entre corruptelas y proyectos faraónicos, social y ecológicamente ciegos. Da lo mismo. ¿Qué importa eso si somos españoles y ganamos a cosas?. Ese orgullo por dos colores pintados en un trapo nos aleja de nuestra propia conciencia y amasamos emociones haciendo que nuestro control y manejo sea mucho más fácil.

“Gibraltar español, cojones”. El porqué y el para qué ya me lo preguntaré más tarde pero, de entrada, respondemos “porque si, porque soy español”. “Los JJOO a Madrid oe oe oe oe”. El porqué, el para qué, el para quién y el cómo no me lo pregunto porque soy español/a y punto pelota. Pelotas, a eso no nos gana nadie. A todo lo demás, nos gana un mono disfrazado de botones. 

Seguid abrazados/as a la bandera, incluso a la del pollo, mientras muchos niños y niñas no tienen libros de textos para empezar las clases, ni siquiera tres comidas al día. Seguid gritando “soy español, español, español” que es mucho más cómodo el patriotismo emocional que la razón, que el espíritu crítico, que la conciencia del basurero de sociedad que estamos creando. Y así, queridos y queridas, seréis tan manejables como un ratón de laboratorio. Iréis donde vaya la bandera, diréis “si” a todo lo que se haga en nombre de la bandera. Sea lo que sea. Todo por la patria. Igual que los ratones corren tras el queso. Con la misma capacidad de respuesta crítica. Pero, ¿qué más da? “hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual”. Espero que la resaca disipe un poco el dolor por el futuro de mierda que nos espera gracias a nuestra pasividad como sociedad. Espero que la resaca nos haga sufrir menos el paro de nuestras hijas e hijos, pagar por operarnos de cataratas, cobrar una mierda cuando tengamos 75, trabajar 50 horas en el mejor de los casos por la mitad de sueldo, recibir una educación de pobres, separarnos aún más de las castas dominantes. ¿Qué más da todo? ¿Qué importa que con mis impuestos se pague el viaje de actrices de segunda a Buenos Aires? ¿Qué más da que la delegación del país más endeudado que optaba a los JJOO doblase con mucho la presencia de la delegación nipona? (con una economía más que saneada aunque su modelo apeste igualmente) ¿Qué más da todo si es ver una banderita y me emociono a tope? 

“Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad”. (Arthur Shopenhauer)

Evaristo lo dice igual de claro: http://www.youtube.com/watch?v=TXhAJn68z8M

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