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Una cuchara

Abrí un cajón y saqué una cuchara. Estaba sola, lejos del resto de cubiertos. Pesaba mucho menos que las demás. Era de un material más fino y estaba arañada por los años. No le dí ninguna importancia a ese objeto. La puse sobre la mesa, junto a mi plato. Su sopa, mi sopa. Dos servilletas, dos vasos y ahora también dos cucharas. 

“No, esta cuchara no”. 

Ella cogió con cuidado la cuchara y la guardo en la esquina del cajón donde estaba cinco minutos antes.

No entendí nada y no pregunté nada. Ella se explicó mientras me daba otra cuchara.

“Era su cuchara. Cada día la llevaba envuelta en papel en la cesta de la comida. Todos los días hasta que…”

No dijo nada más. Empezamos a comer. Habló de los gatos y del sol.

Han pasado 55 años desde que él cayó muerto al bajar del tranvía en Bilbao. Ella sigue de luto y guarda con celo su cuchara.

Él tenía 31 cuando se fue. Ella tiene 85 y le sigue echando de menos.

 

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