sinpasaportes

Magú

Cuando Toby se escapaba por asuntos amorosos, me pasaba horas inquieta. Cuando aparecía destrozado porque había tenido trifulcas perrunas, se me encogía el corazón y pensaba que nada podía ser peor en este mundo. Después llegó Paty. Era pequeña, marrón y con ojos de botón. Cuando la trajo mi padre a casa yo era pequeña, tendría unos 8 ó 9 años. Por aquel entonces pasé la varicela y viajamos a Galicia. Un día se puso enferma y los adultos dijeron que era moquillo. Yo no sabía que era aquello pero me pasaba horas al lado de su cajita tapándole con una toalla para que no tuviese frio. Recuerdo que me levantaba en plena noche para bajar a acariciarle cuando escuchaba sus lamentos. Recuerdo que lloraba por las noches pensando que mi perrita estaba sufriendo. Recuerdo sus temblores y una botella de Coca-Cola con el dedo de un guante que usábamos como biberón para darle sus medicinas. Cuando murió la enterramos en el jardín y mi tio Nicanor hizo una cruz con ramas de árbol. Yo le dejaba flores muy a menudo. Me prometí que nunca jamás querría a ningún perro. Esta escrito en un diario que encontré dentro de una cuna de juguete:  “Mi perrita Paty, la mejor perra del mundo, se ha muerto. Yo no quiero querer nunca a ningún animal.”

Luego llegó Chuspi, blanco y negro, y no pude evitarlo. Tan contento cuando llegábamos y cuando nos íbamos. Pequeño, listo y juguetón. Prometí mantenerme lejos emocionalmente. No querría a ningún otro perro nunca. Pero él también se fue y volví a llorar.  Cuando llegó Urka, con 102 (alias Pinto) mi adolescencia me tenía ocupada en sufrimientos existenciales… y supe controlar las distancias… Luego llegaron Beltza, y Luna… Con urka y todos sus hijos empezó nuestra historia de amor con los dogos alemanes. Urka fue una perra fiel, elegante, buena y silenciosa… Por defendernos cuando intentaron entrar a robar en el chalé del pueblo, le apuñalaron…

Magú era nieto de Urka. Un perro “Arias” por los cuatro costados. Desde que el perro era pequeño, mi hermano y mi padre se enamoraron de él. Mi madre fue enamorándose poco a poco. Era enorme, bueno hasta cansarse y noble como ninguno. Era como ese típico amigo grandote y bonachón que habla poco pero que siempre está por ahí por si le necesitas.

Mi padre y él daban largos paseos, hablaban de sus cosas… bueno, mi padre hablaba y Magú escuchaba y levantaba una ceja o una oreja. Era tan grande que podía tirarte al suelo si se emocionaba y quería saludar a algún amigo perruno del vecindario, o a alguna novia perruna.

Yo no quise quererle. Mantuve las distancias y no solía jugar con él. Era enorme y no era fácil. Además siempre me ponía perdida de pelos y me llenaba de babas cuando apoyaba su cabezón en el reposacabezas de la furgoneta, durante los viajes. Entonces yo me enfadaba con él. Mi padre se partía de risa y le reñía juguetón… “Magú!!!”

Pero le hacía más gracia que otra cosa… Decía “le gusta ir viendo el paisaje al perrín”. Y era verdad. Le tocabas la cabeza para que se tumbase y nada. No había manera. Era un cabezón adorable. Hasta me enfadaba su desbordante ternura. Le miraba a los ojos y le hablaba cuando estábamos solos porque sentía que me entendía: “¿Como estás Magú? Eres un perro bastante majo pero algo gigante, ¿me dejas pasar que voy a coger la bici?” Me miraba, se levantaba y me dejaba coger la bici.

Y aunque no quise nunca quererle. Aunque le paseaba poco. Aunque no me revolqué con él por el suelo… Me encantaba verle aparecer, con sus ojos de persona que ha visto el mundo entero,  cuando llegaba a casa. Cuando él aparecía para saludar… Eso era llegar a casa. Me llenaba el abrigo de pelos y de babas… Mi padre le decía “Magulín, deja a Emi tranquilina… ve a tu sitio”… Y él después de demostrar que estaba contento de verme, se iba respetuoso a su colchón. Si, tenía su casa, su colchón viscoelástico, su toallita para la siesta en la parte de atrás y su hueso de jamón gigante.

Le recuerdo en el jardín sentado al lado de mi madre. Y poniéndome el hocico encima mientras leía en el jardín. Y con un gorro de paja que le puso mi padre un día….

Y yo, que no quise quererte nunca, me doy cuenta de que te quiero y de que no sirve de nada la distancia que tomé contigo. Ya no se si consciente o inconscientemente.

No puedo imaginar qué sentirá mi padre, que ha sido y es… tu mejor amigo. Donde estés debes saber que los cuatro estamos muy orgullosos de nuestro perro y que nunca, nunca, nunca vamos a olvidarte. Tendrás tu rincón del jardín. Será el rincón de Magú, tu planta, puede que con flores. Y vendrá a saludarte ese gato que era tu amigo. Ese gato que se colaba en el jardín. Mi madre al verle siempre decía lo mismo: “mira, ahí está el amigo de Magú”.

Te echaremos de menos Magú. Mucho.

Emi

Anuncios

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “Magú

  1. Joder, Emi, que manera de ponerme a llorar por tu perro. Debo decir que Sabina se enamoraría de ti, si supiera que andas por ahí. Es una pena que tú no le correspondas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: