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La Mitad del Mundo baila entre volcanes

 

Marcelo Benitez / AeA Ecuador

En el país del que hablo los volcanes tienen la personalidad de hombres y de mujeres que se aman y se enfadan, de bebés que lloran y de madres que sueltan humarolas por sus cráteres para reñir a quién le roba horas de sueño.

 

Emilia Arias / AeA

En ese país hay un rincón en las faldas del Tungurahua donde cada 19 de marzo se baila música de banda, se beben bebidas fermentadas, se elige una reina de la belleza y los niños y las niñas bailan sobre enormes zancos mientras recitan poesías de amor a sus volcanes.

Para convertir el miedo en música nació “La Bandina”, una banda de pequeños y pequeñas que cantan y tocan instrumentos para apaciguar sus miedos, para calmar al volcán, para decirle que van a convivir con él, que le quieren incluso cuando ruge.

Entre la Bandina se asomaba esquiva una mirada tan triste como un monte arrasado… Aquella pequeña de trenzas largas y negras era una erupción de ternura en la mitad del mundo y contaba las historias más terribles con esos ojos a 4.000 metros sobre el nivel del mar.

No importa su nombre, ni su historia… porque aunque la se… es suya y mía solo prestada y sólo mientras me dure la memoria. Es una historia como la de miles de niños que señalan en un mapa ese país que no conocen y donde deben estar madres, padres y hermanos…

Emilia Arias / AeA

Cerca de allí, un abuelo recoge en el colegio a su nieta que le ayuda con un atillo de verduras porque el abuelito “está ya bien mayorsito” pero es lo único que ella tiene.

En la plaza aún suena la música y un hombre me coge la mano para bailar mientras dice “se me está haciendo corta la canción”.

El sol cae vertical y es duro como las mejillas cuarteadas y coloraditas de las mujeres de la sierra. Mujeres amasadas con la lava de los volcanes, con el verde de las laderas, con la fuerza de las rocas de las paredes del Chimborazo.

Una de ellas, Clara, me mostró su huertito y me hizo una “agüita aromática” para mi dolor de estómago con unas ramas de romero. Le entrevisté a ella y a su grupo de mujeres productoras, soberanas, fuertes y sonrientes. En un castellano teñido de quichua… y en un quichua colonizado por el castellano me respondió sonriendo a todo lo que le pregunté. Después ella tenía una pregunta para mí; “¿para qué sirve una reina?”…

Me quedé muda y tardé unos segundos en contestar: “no tengo ni idea, creo que para nada”…

Emi*

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5 pensamientos en “La Mitad del Mundo baila entre volcanes

  1. Roxana en dijo:

    Ya era hora, bonita. Eso sí, que no te escuche la reina.

  2. Hacía tiempo que no te leía, no nos dejes en ascuas tanto tiempo por favor.

  3. Rakel en dijo:

    que bonito emi¡¡¡

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