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Hebrón o la jaula de los profetas

Dicen que el nombre de Abraham significa “padre de muchos pueblos” y que Dios, ese personaje que aparece en la biblia como apuntador, le mandó sacrificar a su hijo Isaac. La cosa va de asesinatos y la biblia se convierte así en la mayor novela negra de la historia que aún sigue llenando páginas.

 

Hebrón (Cisjordania)

Profeta para judíos, cristianos y musulmanes; hoy la tumba de Abraham (o Ibrahim) es mitad sinagoga y mitad mezquita. Ejemplo de la esquizofrenia religiosa que convierte todas esas historias en distintas versiones del teléfono escacharrado.

Pues bien, Abraham, Jacob e Isaac, los tres profetas, están enterrados supuestamente en Hebrón (en hebreo), Al Khalil (en árabe), una ciudad situada en Cisjordania, Palestina. Eso convierte ese pedazo de tierra en una obsesión para los sionistas, que han hecho de Al Khalil una cárcel para los palestinos que viven allí.

 

Cisjordania está atravesada por las garras de los asentamientos judíos que cortan el territorio palestino como un zarpazo. Son chalets rodeados de árboles verdes con una seguridad demencial, con sus carreteras, sus universidades, sus torres de control, sus Kalashnikof y sus centros de adoctrinamiento.

 El ministerio de “absorción”, que así se llama la institución encargada de “poblar” con judíos la supuesta “tierra prometida”, sabe lo que se hace y no ha parado de construir, robar acuíferos, talar los olivos palestinos y separar pueblos. “¿Tratados? ¿Qué tratados?” deben decir entre risotadas los jerifaltes del ministerio en cuestión. Y por si la humillación fuera poca, contratan a precio de saldo la mano de obra palestina aprovechando el paro y la miseria del pueblo al que ocupan.

 

En Hebrón el estado de Israel decidió instalar a los colonos judíos dentro de la propia ciudad palestina. Para ello copiaron formulas históricas: después de leer el manual del perfecto genocida decidieron cerrar calles enteras a los palestinos y echarles de allí, de sus casas, de sus colegios y de sus negocios. Eso se llama robar.

Cerraron tienda por tienda y restaurante por restaurante y, por si no quedaba claro quién había sido, pintaron una estrella de David en la puerta de cada negocio robado. Esta escena tan cinematográfica; un pobre judío con cara de bueno llora cuando descubre que le han dibujado una gran estrella de David en la puerta de su librería. Hollywood no está en todas partes porque es una multinacional de los mismos que deciden ocupar Hebrón y que ahora roban y pintan estrellas. La historia ha cambiado desde los años cuarenta y esa estrella de David ahora ilumina otra injusticia.

 

“Mira, hemos puesto rejas sobre nuestras cabezas porque nos lanzan basura y hasta agua hirviendo”, nos cuenta una señora palestina que vende pañuelos. Sobre sus cabezas, una verja de hierro sostiene todo tipo de desperdicios arrojados por los judíos desde las ventanas de los pisos que robaron a los palestinos.

Y el apartheid es tan grave en Hebrón que hay aceras para unos y aceras para otros. Garitas de control que dividen la ciudad y mapas para que los palestinos sepan donde tienen prohibido estar. Los niños abren sus mochilas para que los soldados las registren antes de entrar al colegio mientras los colonos pasean con armas inmensas colgadas del brazo como si fuese la bolsa de la compra. Violencia en una holla express a cada minuto y lo peor es que no sabemos cuanto vapor queda por salir.

En Hebrón los palestinos viven, trabajan, caminan y resisten, porque tienen mucho arrojo, bajo una ocupación humillante y diaria. En Hebrón se intercambian insultos a través de una alambrada. En Hebrón Judíos y musulmanes visitan la misma tumba dividida por un muro de hormigón. Unos rezan a un lado, otros rezan al otro. Cuando salen vuelven a sus vidas como ocupante y ocupado en un bucle que dura ya demasiados años. En un bucle que mata, humilla y destierra desde hace más de 50 años mientras aquí unos se ponen pañuelos palestinos con una mano y con la otra mano le venden armas al estado de  Israel.

La protagonista del documental que enlazo a continuación es una niña. Un vendedor de Hebrón nos lo dijo “tiene el corazón de acero, es muy fuerte por haber dado este testimonio”:

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2 pensamientos en “Hebrón o la jaula de los profetas

  1. Mariana Castaño en dijo:

    Hola, Emily! Me alegro de que hayas decidido comenzar un blog. Y el título me gusta mucho. Me parece muy oportuno además el problema de la ocupación israelí de Cisjordania. Yo creo que para comprender el “conflcto” que llaman sólo hay una vía, ir allí. Tú has tenido la suerte de hacerlo y ahora nos lo cuentas, merci!

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