Grillos que explotan de tanto verano

Escuchó un ruido y salió a la cocina. Un tren acababa de aparcar en su apartamento. Pasaba a menudo, así que volvió a la cama y se abrazó a los cuatro cojines hechos a retales. Siempre empezaba todo de la misma forma. Primero el murmullo con aspiraciones de ruido, después la gente charlando en los vagones y, por último, la extraña sensación de despedirse de cada uno de los pasajeros para siempre. Algo parecido a la nostalgia, pero de colores.

Cuando cerró los ojos, una manta de miedo le subió poco a poco por el cuerpo. Lo cubrió todo como si fuera miel. Le embadurno los ojos, las pestañas y la nariz. Se derramó hasta ensuciar cada alegría. “Es lo que pasa con el miedo, que si no lo conduces, te ensucia y te deja pegajosa”, pensó.

Se acordó entonces de las piscinas en invierno, de la fantástica sensación de desgranar espigas entre los dedos y de ese olor de las noches de San Lorenzo. Mantas en el suelo, estrellas que se mueven y grillos que explotan de tanto verano. Recordar esas cosas hacían que ese pegamento insoportable se despegara de su cuerpo.

Buscó en otro baúl, uno aún más viejo. Encontró un dibujo hecho sin levantar el lápiz, una mesa pintarrajeada en su parte no visible y dos canciones que sabía cantar del revés.

Esa pringosa sensación se fue. Ella se abrazó a los cojines, o a las ausencias, que viene a ser lo mismo, y persiguió el sueño hasta tirarle al suelo.

Dejar de ponerte los zapatos al revés…

Asier (mi hermano) me escribió esto como comentario en este blog. Lo hizo el 18 de junio, día de mi cumpleaños. Aquel día, entre los agradables e infantiles nervios de cada año, lo leí rápido y sin saborearlo. Hoy, después de mucho meneo emocional y mucho tirar de mí sin mirar atrás, por fin lo disfruto. Eso sí, aunque ya no me pongo los zapatos al revés en sentido estricto, sigo haciéndolo en sentido figurado.

“No tengo mucho tiempo y la redacción se resentirá por ello –hasta cabe que tenga lugar un fenómeno al que bautizaría como macedonia de fechas–, pero no quería dejar de sugerirte algunos cuantos consejos por si se diera el caso de que tuvieras que dar ejemplo y –¡qué copón, digámoslo bien clarito!– una educación a un hermano menor.
Puede que poco después de dejar de ponerte los zapatos al revés necesites empezar a ahorrar para la universidad. Prueba a vender en el colegio artículos de primera necesidad con tu amiga Gram… no sé, quizá bombones que podríais hacer vosotras mismas mientras veis Galavisión. Si planeas cruzar la península con tus abuelos y tu hermano sería conveniente que acomodaras al BabyFeber como un pasajero más, eso le hará ver que hay que respetar a todo el mundo, aunque sea de goma. En cualquier caso, procura que te sellen convenientemente el pasaporte en cada pabellón, inculcándole con ello el valor de los papelarrios presentables. No quisiera dejar de aconsejarte también que al acostarte en las literas pongas al corriente a tu hermano de los entresijos del mundo social adulto de 5º de EGB, podrías incluso tratar de enseñarle a dividir mientras sus compañeros aprenden a multiplicar. También hay canciones muy molonas que podría venirle bien ir conociendo: “Caminando por el bosque, lalálaalá, entre la hierba mojada, uhuhuh, una carta me encontré, lalálaalá, la letra estaba borrosa, uhuhuh”. Cambiar el orden de las sílabas de palabras de uso común, como “pato”, puede ser igualmente útil para ir preparando el terreno antes de dormir; de hecho, puede ser incluso mejor que contener la risa después de contemplar el despegue de un albatros. Mantener bien limpitas sus enormes orejas tampoco estaría de más, aunque la cosa pueda terminar en el hospital. Si te ves en la necesidad de echar con él carreras por las escaleras de moqueta arrastrándoos como gusarapos sería mejor que antes le advirtieras: “Vale, pero cuidado con ese horrible perro de ‘porcelana’”. Por otra parte, si pretendes construir con él una casa y necesitáis hacer cemento, aunque no sepáis muy bien para qué, sería mejor que no le dejaras a él ir a por agua para hacer la mezcla, la Adoración podría tener que rescatarlo de una muerte segura entre sapos y salamandras. La gente que sabe de piscinas comprende perfectamente que cabe la posibilidad de que avisar a todos los niños de los alrededores para bañarse en mayo entre algas sea de lo más saludable, aunque los adultos que no entienden de piscinas puede que no lo comprendan tan bien. Hablando de piscinas, no dejemos de decirlo, un detalle feo es amañar el concurso de “Uno para todas” para que tu hermano sea el ganador en el día de su cumpleaños. Tienes mucho que enseñarle, pero no se lo pongas tan fácil. Por ejemplo, una vez que sabes que al volver de gimnasia rítmica el coche no va a despegar por mucho que abráis y cerréis las puertas por la A6, házselo saber. Igualmente, una vez que tienes claro que si te pica un bicho y el brazo parece ir a caérsete lo mejor es taparle desde atrás los ojos a tu tío Quique mientras conduce, también házselo saber. En definitiva, esa sabiduría que una va adquiriendo es mejor compartirla.
No quiero imaginar qué hubiera sido de mí si no lo hubieras hecho.”

Un regalo

Imagen

Acabas de cumplir 30 y aún te veo con las rodillas llenas de postillas. Hay algunos trucos para sobrevivir a esta edad sin perder brillo.
Para empezar es muy importante que no dejes de construir jamás “sabandijas asquerosas” y que sigas escalando cómo lo hacían los “zapatos eléctricos”. Puede que te cueste ahora, pero trata de conducir un coche sin ruedas en el desguace de Almázcara. Tendrás que buscar a ese bicho rosa y si, volver a dormir con Pequis alguna vez. Te echa de menos. 

En verano súbete al remolque sin caer bajo la piedra del arado y come yogures caducados a escondidas en el gallinero. Sigo pensando que vaciarlos en cubos negros es más divertido y además, se consiguen colores que ni existen.

Cantar canciones al revés es muy útil a estas alturas. También hacer versiones de temas clásicos que integren palabras como “water” y “papel higiénico”. De cualquier manera, no olvides los tambores de detergente ni las botellas rotas de la bodega. Nunca se sabe donde puede hacerte falta instalar una buena Taberna del Rock.

Las hamacas son mejores si te das fuerte entre dos cerezos y la usas de lanzadera. Puede suceder que tu hermana se caiga y escupa los dientes (daños colaterales). Ningún lugar del caribe será mejor que esa hamaca entre aquellos dos árboles. Ah! acampa en el jardín y sube a dormir a la cama a media noche. Y si cierras la tienda con llave y candado ten especial cuidado con lanzar la llave al río en un ataque profundo de estupidez gritando “soy el Cabasorro” con acento gringo.

Te ruego encarecidamente que repitas las olimpiadas aquellas del pasillo. Creo que hubo un par de medallas injustas y quiero la revancha. No te guardo rencor por dejarme siempre el coche que menos corre en el Scalextric “porque se te va a salir fijo de la carretera”. Estás perdonado. También te perdono el puñetazo en la boca del estómago el día que te revelaste… el día en el que dejé de darte órdenes (creo) de una vez y para siempre. Me lo merecía por coñazo.

No voy a hablar aquí ni de los tazos, ni de las Spice Girls, ni de nuestra habilidad para doblar películas, ni de tu afición por beber colonia e incendiar casas. No lo haré. Tampoco hablaré sobre el susto del atropello, ni sobre la desaparición más bizarra de la historia ni sobre tu éxito en la pubertad, cuando aún la barba no tapaba tus pecas…

De eso y del resto, de las cosas que pasan ahora, tenemos tiempo para hablar, hermano. Al menos 3 veces 30. Más, si nos dejan.

¿Qué hace la gente que no tiene hermanos como tú? ¿Con quién juegan? ¿Con quién se mueren de risa? ¿Con quién lloran? ¿Con quién juegan a “sumoculín”?

Asier, ahora tienes 30 y eres un barbudo. Eso tenemos que asumirlo. Y yo, al borde de los 32, sigo pensando que el paraíso eran aquellas patatas paja de la abueli con un universo para inventar después de la cena…

 

Emi

 

Súbeme la falda ahora

Vayamos unos años atrás. Tengo 12 años, un vestido verde de florecitas blancas y ni siquiera llevo ortodoncia en los dientes. Tengo las paletas separadas y eso me acompleja hasta el punto que me río apretando los labios con timidez absurda. Voy en autobús cada día al Colegio Rural Agrupado de Navatejera.

Cada mañana y cada tarde se repite el mismo rito. Un chico, de los repetidores, espera una a una a que subamos las chicas y nos va tocando el culo una a una. Él ya tiene 15 y es de los “malos” del colegio. Corremos a nuestros asientos y las risas de los que ocupan las primeras plazas nos salpican a todas. Al bajar, se repite su exhibición de fuerza. Hasta el conductor del autobús se ríe.

Volvamos a aquel vestido verde. Una tarde vuelvo en autobús del colegio con ese famoso vestido, uno de mis preferidos de la historia, y el pelo bastante más corto que ahora. No me quedaba bien pero era lo que se llevaba y con 12 no piensas con claridad. Llevo las piernas al aire porque a finales de mayo, en la periferia leonesa, hace calor. Cuando llega mi parada bajo. Él, el chico malote del cole, vuelve a hacer lo mismo. Esta vez, no contento con tocarme el culo como hacía habitualmente, me sube el vestido y dice algunas barbaridades que andarán garabateadas en algún diario pero que he olvidado con los años. En ese momento siento tanta humillación y rabia que me giro. Simplemente me canso de aguantar. Le cruzo la cara de un guantazo.

Si la historia terminase aquí, sería una bonita crónica de mi despertar como niña / mujer empoderada… Un relato breve pero intenso de cómo las oprimidas nos revelamos ante las injusticias diarias, pequeñas pero dolorosas. Si, como esas gotitas de agua que horadan con tenacidad las cuevas de Valporquero. Pero no. No acaba aquí.

El chico en cuestión, llamémosle I., me agarra por la mochila y tira de mí. Sujetándome los brazos me da tantas patadas que, cuando me deja libre por puro cansancio, casi no puedo caminar.

Lloro en la esquina un rato. Odio mi vestido verde y pienso que era mejor no volver a ponérmelo. Cuando me calmo, me voy a casa.

Siempre se me nota cuando lloro así que entro en casa y me voy directa a la habitación. No se si podéis recordar lo desgraciada que te puedes sentir cuando tienes doce y trece años y sufres una humillación de este nivel. Bien, pues así me siento en ese momento.

Mi padre entra y me hace un tercer grado.

Aguanto y callo mientras puedo. Al fin y al cabo, la culpa, pienso en aquel momento, es mía por responder a lo que todas aguantamos a diario. Finalmente levanto la falda y sin decir una palabra le enseño a mis padres cómo han quedado mis piernas. Hay moratones inmensos de color negro y morado por todas las piernas adolescentes. Me sorbo los mocos y cuento lo que ha pasado…

Aquel muchacho no volvió a ponerme una mano encima. Creo que mi padre tuvo una intensa charla con él.

Por mi parte, nunca le dije nada y hasta charlaba afablemente con él si me lo encontraba por ahí. Hasta, lerda que es una con el autoestima adolescente a medio hacer, bailé con él. Eso antes de que le metieran preso, claro.

Yo hoy… 20 años después de aquel incidente, quiero decirle desde aquí que se vaya a la mierda y que, si tiene huevos, venga a subirme ahora el vestido.

Emi

 

 

   

Gabo se va a Macondo

“Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado”.

El hombre que iba a morir se llamaba… Gabriel. Así empezó una de sus novelas. Así acaban todas las novelas, con la muerte. También la vida de Gabriel García Márquez tenía que terminar. Aunque se cierre de golpe la pluma brillante de América Latina, él también se acaba, con pena, como todas sus obras.

 El realismo mágico se queda sin tu varita.

Todo el mundo se va, Gabriel, pero no todo el mundo tiene quién le escriba, coronel de pluma y sueños.

 Macondo está más triste que el día que murió Remedios la Bella. Aureliano Buendía se arrodilla y se quita ese sombrero blanco de colombiano elegante, de caribeño afable, sentado junto a los huesos de toda su estirpe. En el patio de esa casa que he visto tantas veces.

 Todo el árbol genealógico de Macondo está de luto. Todos los aurelianos salen en procesión de lágrimas por las blancas calles, se cruzan con el circo, los cacharreros, los amores que se dan en los tiempos del cólera, las esperas infinitas y las putas tristes, muy tristes.

Fermina Daza y Florentino Ariza se besan una vez más para calmar su pena y agradecer el regalo de la historia más hermosa, tu regalo.

Salvador Allende te hace un hueco, agradecido por contar tan bien la operación Condor. Colombia entera te llora por dar testimonio de su historia y sus pasiones. El periodismo te llora por tu Noticia de un secuestro, por ser tan honesto y enseñarnos tanto. Y aunque sea la crónica de una muerte anunciada, es triste carajo, muy triste… Pero no hablemos más del amor y otros demonios, que toca despedirse. 

Te vas, maestro impecable, y nos dejas 100 años de soledad y mil años para igualarte.

Emi

 

Vuelvo

Cuando abandoné la escritura automática todo se volvió aburrido. Hasta yo. Duró pocos días ese hastío y me recuperé en seguida. El aburrimiento se quedó solo lo suficiente para darme cuenta de que necesitaba volver a comer sugus, a rodar dentro de una caja de cartón y a fundar algún club exclusivo en el que podía estar exclusivamente todo el mundo que quisiera.

Pasó lo mismo cuando el verano dejó de durar tres meses, dos libros de vacaciones Santillana y uno de Anaya. Cuando las conversaciones parecían un ascensor hacia el piso 6.542. Un eterno hablar del tiempo, las vacaciones, el cansancio y los días soleados. Entonces me propuse que lo haría:  necesitaba quitarme ese barniz de adulta sabelotodo o acabaría por no reírme ni una mierda.

El proceso de recuperación no fue largo gracias a grandes dosis de estupidez, desaprendí cosas que amenazaban con volverme de color paloma. No fue fácil.

¿Podemos compaginar eso de que el mundo sea a veces una mierda con eso de que el mundo sea a veces un lugar maravilloso y acojonante?

Definitivamente, si.

Y entonces te das cuenta de que han salido demasiados girasoles en el mirador porque no hiciste caso a las instrucciones clarísimas de la caja de semillas… Lo tengo todo planeado. Comeré pipas todo el invierno.

Vuelvo a la escritura automática.

Daouda no es avalancha

Daoudá, un joven burkinés de 22 años cuyo brazo quedó desgarrado tras encharse con las cuchillas de la valla de Melilla./Jesús Blasco de Avellaneda

Definición de asalto:

(Del it. assalto).

1. m. Acción y efecto de asaltar.

2. m. Variedad del juego de tres en raya, en el que el asaltante dispone de 24 fichas y el defensor solo de 2.

3. m. Baile o diversión que organizan varios amigos en una casa particular conocida, sin avisar previamente al dueño.

4. m. Dep. En boxeo, cada una de las partes o tiempos de que consta un combate.

5. m. Esgr. Acometimiento que se hace metiendo el pie derecho y la espada al mismo tiempo.

6. m. Esgr. Combate simulado entre dos personas, a arma blanca.

dar ~.

1. loc. verb. asaltar (‖ acometer una plaza o fortaleza).

2. loc. verb. asaltar (‖ acometer repentinamente y por sorpresa).

Bien. Ahora la definición de avalancha: 

Alud.

1. m. Gran masa de nieve que se derrumba de los montes con violencia y estrépito.

2. m. Masa grande de una materia que se desprende por una vertiente, precipitándose por ella. U. t. en sent. fig.

Una vez dicho esto, leamos la historia de Daouda, que escribe Jesús Blasco de Avellaneda. ¿Os parece avalancha? ¿os parece asalto?

Unir seres humanos hasta convertirlos en una masa es cruel. Deshumanizar a personas hasta generar la idea de carne y miembros que tratan de entrar en el paraíso de la paella es tan peligroso como irresponsable. Soy consciente de que trabajamos en medios en los que el corta y pega y la repetición son una constante. Entiendo la falta de tiempo, los nervios del directo, la pérdida de perspectiva…  

Pero mi abuela Bienve, una mujer fantástica que también fue migrante, me decía siempre: “hija, cuesta lo mismo hacerlo bien que hacerlo mal”. Pues eso. 

Basta ya de repetir “avalancha masiva de inmigrantes” porque conseguís poner kilómetros de distancia entre un supuesto “ellos/as” y un supuesto “nosotros/as”.

Parad de convertir a la víctima valiente que busca vivir una vida mejor en el agresor.

Basta de llamar “asalto violento” al simple sueño de buscar futuro.

Joder

Emi

 

Pierdo

Pierdo la perspectiva. Recorro kilómetros montada en un coche gris y llego a hospitales donde la gente llora porque todo el mundo en aquella habitación estaba muerto. Pierdo la perspectiva.

Me preocupa no llegar a un concierto. ¿Qué haré con la entrada?. ¿me dará tiempo si tengo un directo por la noche?. Y en aquella habitación había 6 personas muertas.

Busco la empatía debajo del asiento del coche pero solo encuentro un boli azul y pastillas para el dolor de cabeza.

Hago el directo para el informativo de la noche y salimos de aquel aparcamiento de hospital frío. En el camino no hablamos. 

Llego a casa después de una jornada laboral, preguntas, partes médicos, imágenes, familiares que lloran y salas de espera. Cinco horas extra. Pierdo la perspectiva.

Hago las cosas que hace la gente que tiene una vida normal. No viene a cuento. Después duermo. Unas horas más tarde me despierto sin entender qué pasa. Un nudo de angustia me aprieta en el estómago.

Todo está oscuro, todo está en silencio. Cierro los ojos. Recupero la perspectiva. Si hay angustia es que sigo aquí de alguna manera. Si hay angustia es que sigo teniendo cosas bonitas.

Emi

 

Cómo acabar escribiendo “Mariano Rajoy” en una biblia…

Se acerca despacio, como una gata. Lleva una mascarilla colgada del cuello y una melena negra y bien recortada. Nos mira y por fin se atreve a hablar. Con un inglés con fuerte acento indonesio pregunta:

-¿En España tenéis primer ministro o presidente?

-Presidente.

Contesto entre aturdida y sorprendida. Empiezo a pensar que las cenizas del volcán Sinabung que cubren la ciudad han empezado a afectarnos. No hay tregua.

-Escribe aquí su nombre

Cojo el libro que me pasa con las páginas abiertas, sin mirar, y escribo decidida:  “Mariano Rajoy”. para que no queden dudas, especifico su cargo y digo que “Spain” es una monarquía parlamentaria (muy a mi pesar).

De repente descubro que acabo de escribir “Mariano Rajoy” en la primera página de una biblia. Si, el libro es una biblia.

Debe ser una señal. El mundo va a acabarse.

Las canciones que nos toca después a la guitarra son composiciones propias. Tres canciones. Todas sobre bendiciones, espíritus divinos, pecados y cosas extraterrestres.

Lleva un listado cuidadosamente seleccionado de presidentes y personalidades de la política mundial con los que debe mantener conversaciones… Son varios folios unidos con grapas. “Todos deben seguir a Dios”, asegura. “A Indonesia le mandan desastres naturales porque yo hablé con Obama personalmente y le pedí que Dios castigara este país de pecadores”.

Al principio no me cuadra…

“Quieren matarme porque saben que hablo con Dios”

Aha! ahora lo entiendo todo. Estoy con la boca abierta más o menos media hora. Incluso hago preguntas imposibles en términos físicos sobre su relación con Dios. 

Sea como sea, esta es la sencilla historia de cómo acabé escribiendo el nombre de Mariano Rajoy en la primera página de una biblia en Indonesia.

 

Emi* 

2013. El año que descubrí que lo tenía (casi) todo

nuovo-cinema-paradiso-end-title-still

2013 llegó y terminó con mis 30, derrapó embarrando mi vestido y se fue torciendo como la escritura infantil en una hoja sin renglones….

Ahora, este año que me ha tratado regular, languidece al sol  de diciembre como un pedazo de mantequilla y se lo lleva todo; lo bueno y lo malo. Arrastra todos los recuerdos a un rincón en un diario que no he escrito, sin que sirva de precedente, por no arañarme el alma más de la cuenta. Se trata de aprender.

Hay lecciones que no se olvidan: escribir cuando estás triste solo sirve para llorar sobre un teclado, fumar es malo para la salud y si llueve hay que saber bailar bajo la lluvia. Lo demás, son tonterías.

No le pido nada a 2014. Nada en especial. Tengo un puñado de amigos/as del alma que han cruzado madrugadas a mi lado, entre risas, miedos y soledades. Con eso, me basta. 

Tengo el abrazo de Naiara y Gorka, con el Muga, las cañas, y su complicidad a prueba de golpes. Gracias por recoger los pedazos rotos. Nayi, mi Nayi querida. Y Laura y Riki, mis nuevos/viejos amigos, con su mano atenta para apretar la mía.

Tengo un lado de la cama vacío que llena Miren con sus despertares largos y lentos. Amiga, estamos juntas en esto y quiero que lo estemos en todo lo que haga falta. Tengo a Iru al otro lado del teléfono, y cuando viene está tan cerca, que parece tocar lo que siento. Está la voz dulce de Hanna y esa manera de reírnos que me hace cosquillas.
Y tengo a Pablo, a mi Luis y a Martín. Gracias por hacerme bailar y dar vueltas, por vuestras cumbias y por hacerme sentir acompañada en la distancia. Que la vida, como dices siempre Luis, es un carnaval.

A mis queridas esposas, Vero, Siri y Silvia, que nos encontremos siempre como si no hubieran pasado años, kilómetros ni dolores. 

¿Y como agradezco que sigan a mi lado ellas? Ana, Miriam, Naiara S. y Bárbara. No encuentro la manera de devolveros tanto amor, tanto apoyo y comprensión. Espero estar a la altura de vuestra amistad… algún día. 

Gracias a June, por su confianza… el ron y la salsa cubana. :-)

Gracias a 2012 tengo a Elena M. P., un regalo de despedida que me hizo Madrid.

Qué suerte caer en el “13 Rue del Percebe” con Marina y Tania; gracias por los tés, los vinos y tantos abrazos sinceros.

A mi Rut, por su dulzura y llamadas de teléfono en momentos de precipicio.  

A Andrea, Isabel T., Reichel… gracias por muchas cosas. Sigamos de viaje juntas siempre que podamos.

A Isina, a Bea y Manu.. por sentarse a mi lado de vuelta a León y hacerme reir. 

A mi Jone, en la distancia… ¿pero cómo eres capaz de estar cerca aunque estés en Australia? Tía, ya te lo he dicho mil veces: tú sabes hacer magia.

Lorena, mi niña que se me hace mayor… más grande cada día por dentro. No olvidaré nunca lo cerca que has estado en momentos tan duros.

Esther, Susana, Ana; mis tías de mis amores. Os quiero mucho. Gracias por cada palabra de ánimo.

Abuelis, subir a Otxar a comer con vosotros es un bálsamo para cualquier herida. Y mi abuelito, tranquilo que te vas a poner bien pronto.

Ama, aita y Asier. Que siempre están esperando en el andén, en la estación, en el aeropuerto. Venga de donde venga, vuestros brazos son mi casa… No se puede querer más de lo que os quiero. No se puede. 

Y después de todo esto. ¿Qué hostias voy a pedirle yo a 2014? Si lo tengo todo. Solo que sigáis a mi lado. Cerca o lejos… para poder devolver un poquito de todo lo recibido este año…

Ah! Y a I.L. por lo aprendido, lo vivido y los recuerdos, que son muchos y todos bonitos.

Feliz 2014

Emi

Post Navigation

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.